“Aquel que confía en Jehová, será como árbol plantado junto a las aguas, todo lo que hace, es prosperar” 

Fotografia de Agustin Zamora Mi agradecimiento a Fundación Ofir. Soy Agustín Zamora Barrientos. 

Podemos decir que soy uno más de esos que ha usado gran parte de su vida dedicado al estudio y su hogar. 

Soy graduado como guía de turismo y poseo estudios en Ornitología, Herpetología y Dendrofobia. 

Me divorcié y no sabía, ni imaginé que iba a caer en un abismo tan grande como es el alcohol y la cocaína. Mis predicciones y sentimientos sugerían que moriría en las calles. 

Ya me había internado en varias ocasiones, pero volvía a caer en el consumo. Siendo un profesional divagaba por las calles y solo consumía sustancias mientras me alimentaba muy poco. Producto de este comportamiento o forma de vida que llevaba, llegué a estar muy enfermo, resignado a la locura y a la muerte. 

A través de un amigo que estuvo en el Albergue de la Fundación Ofir y que hoy goza de una excelente sobriedad, conocí a Don Marvin Murillo, excelente persona dedicado a su familia y a rescatar a gente de las calles. Me dio la oportunidad de vivir en el Albergue de la Fundación Ofir, ubicado en Tirrases de Curridabat. 

Al principio fue muy dura la vida allí ya que tuve que asumir responsabilidades que no tenía en la calle. Por ejemplo, tener que levantarme temprano a las 5 am, bañarme con agua fría e iniciar el día con actividades programadas con horarios específicos. 

Mi comienzo fue muy duro, luchaba conmigo mismo, trataba de entender cómo después de haber tenido en el ICT puestos muy altos, hoy me encontraba luchando con un síndrome de abstinencia que me mataba, sudando por las noches, deseando un trago de licor o una dosis de cocaína; me quería volver loco, renegué contra mi propia vida al verme completamente dominado por el consumo. 

Pensaba que lo único que me apartaba de ese consumo y salir de ese síndrome espantoso era una puerta que muchas veces quise pasar. En los devocionales escuchaba de Dios y sabía que Él no me pondría una prueba que no lograría soportar. 

Ahí comencé a implorar a Dios que me rescatara; no aguantaba, pero siempre cansado por las noches de insomnio y sueños turbados por figuras diabólicas, me levantaba y me incorporaba a mis labores. 

Así pasaron meses en una gran soledad donde venían a mi mente mis hijos, mis hermanas y seres queridos, lamentablemente habían decidido apartarse de mí, porque sufrían de verme en esa esclavitud de la droga, sucio, flaco y enfermo. 

En ocasiones pensaba y me costaba comprender a don Marvin, quien podía dedicarse a una vida tranquila y no, a juntar gente de las calles, dándoles la oportunidad de un programa de reducción de daño, un techo, comida, un lugar donde vivir, bañarse, pensar en una recuperación y usar todo ese apoyo como un trampolín para salir avante y regresar a mi familia y profesión. 

Aun así, pasaba el tiempo en soledad hasta que una mañana recibí la llamada de mi hijo mayor, todo un profesional y me invitó a almorzar. Ese día conocí a mis dos nietos y tuve un almuerzo exquisito. Dios me abría la primera puerta. 

Después me llamaron mis hermanas, pero no la mayor, pues continuaba muy dolida y no quería sufrir más, porque no creía que me recuperaría. Ella con una vida muy ocupada casada con el mejor escultor que ha dado este país no tenía por qué volver a creer en mí. 

Mi estancia en Ofir, mi sobriedad y los testimonios que mi hijo le transmitía, la motivaron a llamarme y empezar a creer en mi nuevamente. Las agencias de turismo se fijaron en mi nuevamente. Hoy por hoy, me estoy reinsertando nuevamente a la sociedad, con un contrato de trabajo en mi profesión. 

No me olvido de donde salí y la mano que me extendió Ofir por medio de don Marvin. Este 29 de noviembre me marchó del albergue, pero no de Ofir. 

Seguiré luchando con todas las fuerzas por mantener vivo mi aprendizaje en Ofir y estaré listo en un futuro para decirle al mundo que funciona. 

Creo firmemente en que Dios no me dio un espíritu de cobardía, sino de amor y de dominio propio. 

Gracias Ofir, gracias compañeros; llegará el tiempo de Dios. Muchas gracias, sobre todo a mi maestro don Marvin. Eres de lo mejor que la vida me ha dado a conocer.

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