Cuando se trata de relatos que se cuentan de generación en generación, ha de esperarse que con el tiempo surjan versiones que hacen cambiar un poco los escenarios y los personajes.
En Curridabat existen relatos de incidentes ocurri-dos en Semana Santa y acu-diendo a algunos testigos se ha podido recopilar varios que a continuación son presentados
con alguna picardía. Por su-puesto, se omiten los nombres de los protagonistas reales para no herir susceptibilidades.
Eso sí, imagínese a una Curridabat muy distinta a la de hoy: con calles de lastre, algunas casas de bahareque, unas pocas de adobes y otras mixtas de madera y cemento con ventanas de vidrio. Era una Curridabat poblada por gente sencilla y ocurrente. Con este escenario comenzamos:
Los engomados
En esa Curridabat descrita sucedió que los hermanos Mora se brincaron la “ley seca”
y andaban muy bien chis-peados con unos peinados pa´tras entre pecho y espalda. Así, engomados, se sumaron a la procesión del Viernes Santo y cuando la samaritana pide a Jesús que se acerque para darle agua y calmar su sed, se oyó una voz fuerte reclamando: “A Jesús no, dele esa agua a Chicho para que se saque la goma”. La procesión continuó y muchos disimularon la ocu-rrencia de los Mora.
Pa´ yo beber
Una joven de una familia muy querida en Curridabat pidió permiso a su mamá para salir de samaritana en la Semana Mayor. Tanto insistió que se lo dio. Quince días antes recibió el texto para que ensayara lo que debía decir en el momento cuando se le ofrece agua a Jesús, camino al Calvario.
La joven se ofuscó cuando vio al frente suyo la imagen del Nazareno y a la concurrencia que esperaba la dramatización. Fue tan grande el impacto, que cambió el texto original por: “¡Oh, Señor, dame de esa agua pa´yo beber” El agua era para Jesús y no para la samaritana.
Cinco pesos por lavado de pies
cuentan que en tiempos del padre Jorge Fuentes, no había un grupo de apóstoles como existe hoy.
El Jueves Santo, en la Misa vespertina hay un acto de humildad que consiste en el lavatorio de pies a los apóstoles. Pero como no había apóstoles, al cura Fuentes se le ocurrió escoger de la asamblea, a varios varones y les pidió quitarse los zapatos y las medias para proceder al lavado.
Aquella sorpresiva dramatización más tarde se vio compensada con un billete de cinco colones para cada uno de los apóstoles improvisados. Los había dado Manco Jiménez.
Y…en verdad resucitó
A uno de los soldados romanos, Macho Mechón, se le encargó hacer vigilia a la imagen de Jesús resucitado. Para entonces, el padre Fuentes insistió en crear una tropa que participara en las procesiones y diera realce a la celebración de la Semana Santa. Como era muy creativo, inventó un mecanismo- con un hilo nylon- para hacer que la imagen del Resucitado se elevara y simulara la resurrección. Alguien hizo funcionar el mecanismo y la imagen se elevó…
Volviendo a Macho Mechón, cuando vio que la imagen gravitaba, gritó una mala palabra y dijo asustado: “¡***ññ, en verdad es el Hijo de Dios!”
Pobre angelito
el panadero del pueblo buscaba varones para que llevaran en andas a su hija que saldría de ángel en Semana Santa, en Curridabat.
No le costó mucho encontrarlos porque pudo identificar a varios miembros de la Barra de los Twis que estaban disponibles y en espera de una oportunidad, pues estaban chonetes y querían comprar una botellilla de guaro, pasándole por encima a la “ley seca”.
Se fueron a la mesa donde se amasa el pan y distribuyeron las andas. Al momento de levantar las andas con el angelito, no se percataron de que uno de ellos era de estatura muy baja y entonces perdieron el equilibrio y la niña se fue de bruces a la mesa. Cuando le pasó el susto y el llanto, la niña no quiso salir de ángel. Por más que la quisieron convencer, no quiso y abandonó el sueño de ser angelito.
Entre risas y gestos los del Twis vieron como dejaron escapar la oportunidad de seguir con la “llamita encendida”.
Cuidado con lo que pesca
Por muchos años los hermanos Aguilar fueron populares por mantener la tradición de ir a pescar barbudos en los días santos. Para entonces, las aguas del Tiribí y las de María Aguilar eran limpias y depositarias de los barbudos que, ya cocinados, se convertían en una comida infaltable en la mesa de los curridabatenses.
En una de esas pescas, uno de ellos que lo hacía por primera vez, lanzó la cuerda de tal manera, que el anzuelo se atoró en la camisa del tío.
Sin percatarse, halaba y halaba la cuerda al mismo tiempo que gritaba a todo pulmón que ya había picado un barbudo, y seguro era tan grande porque ponía mucha resistencia.
Pregunten si Juancillo regresó al río, el día siguiente…
En rio revuelto
Como ya se dijo, las aguas de los ríos María Aguilar y Tiribí eran buenos depositarios de barbudos y fue una tradición ir por ellos en Semana Santa y comerlos, acompañados de arrocito y conservas.
Cuentan los mayores, que los vecinos de Cipreses echaban cal en la poza conocida como Cascajo. Fue una técnica que se usó por muchos años, y aunque permitió la buena pesca, también propició el exterminio paulatino de aquellos escurridizos animalitos.
Mientras tanto, en las aguas del Tiribí, la familia conocida como los Juanones, hacía lo mismo: echar cal para obligar a los barbudos a salir panza pa´rriba a la superficie y luego ser recogidos con canastos.
Algunos vivazos se iban aguas abajo y con canastos recogían los barbudos que se escapaban aguas arriba. Como quien dice: “En río revuelto…”
El vago cirineo
r. Martínez pertenecía a la Tropa de soldados romanos de Curridabat, fundada por el padre Jorge Fuentes en 1969.
En una Semana Santa, en la procesión del viernes, el episodio donde el cirineo cargará la cruz que Jesús lleva sobre sus hombros, camino al Calvario, R. Martínez fue escogido para esa dramatización.
Cuando oye decir a su padre que debe toma la cruz del Nazareno y llevarla en hombros, le contesta que no puede hacerlo porque tiene que ir a trabajar.
“No sea vago. No trabaja entre semana, menos va a trabajar en Semana Santa”, le gritó su padre en presencia de los que participaban en la concurrida procesión.
De viaje, estos dos soldados (padre e hijo) se salieron del contexto histórico y bíblico.
Increible confusion
En los años 70, Curridabat se distinguía por tener dos lugares de diversión: La Galera y el Ranchito Drive Inn.
Resulta que antes, la procesión de Jesús Resucitado se hacía después de la Misa de Gallo que comenzaba a las 12 pm. Terminada la misa la imagen de Resucitado salía en alegre procesión. Ocurrió en una Semana Santa que el Resucitado lo llevaron hacia el este.
Por otro lado, salió en procesión la imagen de la Virgen María, con rumbo al oeste, y luego se encontrarían. Los minutos pasaron y el encuentro no se daba. Los feligreses comenzaron a inquietarse hasta que alguien llegó con la noticia de que la imagen de la Virgen estaba en El Ranchito y que Jesús estaba en la Galera.
El incidente produjo simpáticos y atrevidos comentarios. Pero… diay, así somos los curridabatenses.
De diablo a judas
Rafael Ramírez Calderón, más conocido como “Diablo”, ganó popularidad en su natal Curridabat y más allá de nuestro cantón por su participación como apóstol en las procesiones de Semana Santa.
Lo curioso de esta anécdota es que después de terminada la procesión se le acercaban algunas mujeres y pellizcaban su cuerpo y con ello le decían todo tipo de groserías, entre ellas: “traidor”.
Rafael jugó de portero con el equipo Municipal Curridabat cuando estuvo en el campeonato de la primera división.
