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Recordar es Vivir

¿A quién me recuerda usted?

Noviembre de 2012

Cuando decido caminar y ver la gente de mi pueblo, miro un anciano, un niño, un joven pero sobre todo me miro a mi mismo y al hacerlo me digo: ¿A quien me recuerda?

Me recuerda al niño que corría por las polvorosas calles de mi pueblo, con unos cigarretes en la mano, las bolsas de mi pantalón corto llenas de bolinches, arrollando el famoso trompo sapito, buscando el papalote, intentando cazar abejones, resbalando en la baba que deja el agua de los caños, al niño que pescaba aluminas, jugaba escondido, quedó, salva la banca, salva el tarro, faja caliente, al que corría detrás de una bola de futbol y al que se divertía con solo su imaginación.

Me recuerda al muchacho que con 20 colones podía disfrutar de una chocoleta, un queque helado, unos alborotos, un delicioso helado de natilla donde Don Jesús, unas tártaras de Tía Chepita, un plátano maduro de la chismosa, una Súper hamburguesa de la Tropicolor, un sándwich de pescado de la Mary, aquel que disfrutaba de una caminata desde Curri hasta la Pop`s , el muchacho que iba a la parte de atrás del Indoor Club a recoger bolas de tenis, al muchacho que jalaba carritos y bolsas cuando cerraron el cine e hicieron el Palí, también al que iba a jugar bingo de la Cruz Roja al local que estaba detrás de la Juan XXIII.

Recuerdo a las niñas jugando cromos, jackses, saltando la cuerda, vistiendo las muñecas de papel, jugando ronda, ron macarrón, la pájara pinta,  la casita, pulpería, zapatito cochinito, lirón lirón, rayuela, avioncito, entre otros. También miro al muchacho que cuando veía a su niña de la escuela se desprendía para saludarla con todo el respeto y dedicación, al muchacho que si veía al cura párroco corría a mostrarle su respeto y a rogar que no le llamara la atención o le preguntara si había ido a misa, que cuando venía un policía, a sabiendas que no tenía deudas con la ley se asustaba por el respeto que este me merecía

Siempre recuerdo con mucha emoción mi niñez, y digo que la pasé ¡espectacular! Llega a mi memoria instantáneamente, cuando nos reuníamos en la acera de la casa de mi abuela  donde sacábamos nuestros juguetes para compartir con los demás. Allí pasaban las horas, nos reíamos, conversábamos, discutíamos y hasta a veces alguien se iba enojado por haber perdido o estar en desacuerdo en algo. Jugábamos a Petrodolares, Gran Banco, Trivia y el inolvidable Stop que por cierto era el más barato de todos los juegos. Quedarnos hasta tarde jugando en la calle era lo máximo, a esa hora contar historias de miedo, jugar a policías y ladrones o indios y vaqueros, hacer una flecha, conseguir una rama para hacer una resortera o muchos otros juegos que eran las opciones preferidas para un sano esparcimiento.

El solo recordarlas me hacen sonreír. ¡Qué buena época! Lo más lindo es que sin darnos cuenta hacíamos ejercicio, por la actividad física que demandaban, además, de practicar las capacidades cognitivas como memoria, atención, toma de decisiones y manejo de frustraciones y estrés. No necesitábamos de televisor, ni computador, ni celular, para sentirnos realizados y felices.

Amigo o amiga que me honra con su lectura, me gustaría saber de usted, escuchar sus sugerencias, que me cuente sus historias y sobre todo que me diga y me relate de ese Curri que poco a poco se nos está yendo y que con el aporte de cada uno de nosotros, tal vez aun hay tiempo de rescatarlo.

 

 

El fútbol del barrio

Octubre de 2012 

Primero que todo, hay que mencionar que para cualquiera de nosotros, nuestra selección nacional lo representa todo. Y así nuestro equipo de primera división. Pero cuando hablamos del fútbol de verdad, cuando hablamos del que nosotros practicamos, donde  existe un verdadero amor a la camiseta (porque más bien hay que pagar para jugar),  no importa si es bueno o malo nuestro equipo, si gana, pierde o empate, sino de la garra, los “huevos” y del compañerismo de nuestros “gladiadores”.

Por lo menos en Curri, el fútbol tenía algunas divisiones:  Los Chiquitillos eran las futuras estrellas, o por lo menos lo intentaban, luego venían unos más grandecitos que ya se paraban fuerte y jugaban algo, de ahí los juveniles que son los que ya están creyéndose el cuento e intentan llegar a un equipo de Primera o Segunda.

Los equipos “profesionales” llámese “Valencia”, “13 de Junio”, “Millonarios” o “Rosario Central” entre otros, donde quienes lo formaban eran los que no habían podido quedar en un equipo de Primera o Segunda a nivel nacional, los que ya pasaban de 20 años como hasta 30 y que son los de experiencia, los de “clase”, los que no jugaron profesionalmente porque “prefirieron” estudiar y no se dedicaron al 100%, estos más conocidos como los aguerridos.

Luego vienen los que pasan de 30 que son los que juegan más, pero ya la parte física no les da, entonces recurren a métodos diferentes para detener a los rivales, esto juntándolos con los más viejitos que son los que se paran en el centro de la cancha solamente a esperar que les pasen la bola a los pies y se dedican a regañar a todos los que no hacen las cosas bien.

Luego vamos por los puestos, el portero que, más que eso es un “ataja bolas”, que su misión es simplemente no dejar pasar el balón. Es escogido por cumplir una o algunas de estas 3 características: Ser bueno al arco, ser el más gordo de los 11 y ser el que peor juega con los pies.

El defensor carnicero, el que hace temblar las piernas al rival, el que en todo el campeonato a tocado dos veces la bola  y ha llevado a un equipo entero al hospital, con la filosofía de que pasa la bola o pasa el jugador

La estrella: Vestido con la mejor ropa, de los mejores tiradores y con camiseta de una figura mundial. Por lo general se cree bueno, pero es comilón y malo.  En este se pueden distinguir 2 tipos:

El extremadamente bueno, el que nos recuerda a Maradona burlándose a toda la selección inglesa y el de la mano de Dios, el que para todos los tiros de esquina va con los brazos en alto pensando que es voleibol.

Y los delanteros ni qué decir, les quedan 20 opciones de gol, meten una, con costo y por ese único gol, pasan hablando toda la semana de su hazaña.

El aguatero es aquel que de verdad es tan malo que no pudo jugar ni de portero y ni que decir del asistente del DT, el cual organiza las actividades posteriores a los partidos, el que asa la carne y compra las birras y que cuando no hay árbitro se le asigna esa dura misión.

Y la afición: Que va desde los 90 años, que conoce a todos los jugadores. Generalmente hay aficionados que están los 90 minutos dentro de la cancha gritando como DT y van a reclamarle cada balón como toros al árbitro.
Por esto y mucho mas, nunca dejemos de lado al futbol de barrio, el equipo que sin pedirnos nada nos dio todo, el primer equipo que amamos y el que nos enseñó el valor del esfuerzo, la amistad y el compañerismo, junto con el balón gastado que tanto queremos.

 

Orgullosamente tico

Setiembre  de 2012 

Recorriendo como siempre mí querido pueblo, caminaba y cavilaba sobre este mes de setiembre, pues a no ser porque temprano de la mañana escuché el Himno Nacional en Panorama, no me hubiese enterado que estábamos en el Mes de la Patria.

Sí, pues yo recuerdo que llegado el primer día del mes nueve, nuestras casas, carros, escuelas y colegios se vestían del blanco, azul y rojo, colores de nuestra bandera, misma que orgullosos nos sentíamos al decir –aquí en mi casa somos ticos-, vestíamos nuestras puertas con el escudo, las banderas, las guirnaldas decoraban el frente y la campesina bailando era parte de la decoración.

Recuerdo que nos gustaba indagar de cómo se independizó Costa Rica y de donde vienen nuestras costumbres, salían a relucir los símbolos patrios y nadie se atrevería a apearse de una pedrada a un yiguirro y mucho menos que un extranjero hablara mal de mi patria.

Todo el ambiente variaba, con respecto al resto del año, por doquier se escuchaban las bandas ensayando para el clímax de la celebración, el cual era el famoso Desfile del 15 de Setiembre, las bastoneras con sus minifaldas (que por cierto, siempre eran las chicas más lindas y populares), los galardonados estudiantes y mejores promedios, quienes formaban parte de los abanderados, así como los más intrépidos y populares quienes eran los de la banda, con sus atuendos elegantes, sus manos cubiertas de esparadrapo, para evitar las quemaduras de los bolillos, sus lentes oscuros y sobre todo, su sonrisa de satisfacción, quienes tocaban cada redoblante, tenor o bombo, con ahínco y esmero, con tal de que la chiquilla que nos gustaba viese lo denodados que éramos en el arte de tocar.

A nadie por desgracia le interesaban los largos y cansinos discursos de la clase política cantonal, mucho menos, escucharles sobre los “progresos” del cantón y demás, lo que todos deseábamos era que terminara el acto cívico, para recorrer las calles de Curri, demostrando nuestros dotes, caminar por los barrios y ver a la gente quienes hasta cierto punto nos admira, por representar con hidalguía, orgullo y pasión a nuestro querido colegio o escuela.

Y ni que decir de la víspera del 15, el famoso Desfile de Faroles, donde cada padre alistaba los faroles para que uno los llevara; había gente especializada en eso, quienes con cajas de galletas, empaques y candelas, hacían los faroles más bonitos y alegóricos, que al finalizar simplemente se convertían en ceniza.

En fin, no perdamos esas lindas costumbres, mas hoy en día que estamos rodeados de tantas multiculturas, donde orgullos debemos gritar “SOY TICO, PORQUE LLEVO A COSTA RICA AQUÍ EN EL ALMA” Y QUE “VIVA COSTA RICA”

Barrio

Agosto de 2012 

Sentado en el parque como me gusta, hablando con mis amigos y jugando una partida de dominó, se acercó a nosotros un muchacho elegantemente vestido a preguntarnos la dirección del Bar Los Parales. Todos de la forma mas sencilla y con la naturalidad del caso respondimos al unísono: Ahí por el “Piapio”,  con lo cual el joven se quedó perpejo, sin tener la menor idea de la ubicación del lugar.

Conversando luego de la anécdota con el joven nos  preguntamos ¿Cómo iba a llegar el muchacho? pues él definitivamente no es de Curri. Así rompimos a reír mientras nos acordábamos de los barrios de nuestro pueblo que ya nadie conoce, pero que existieron y que eran puntos fáciles de referencia. Puedo citar algunos de ellos, barrios que yo conocí y a los que me gustaría sumar los que también usted conoce y recuerda.

Por ejemplo, demos una vuelta por el “Rastro”, para llegar al puente, de ahí nos vamos para “Pat´e Sapo”, pero antes pasamos por “Blanco”, el “Piapio”, ni que decir de la “Colonia” o “Chapul”, pues no podemos perdernos para llegar a “Santa” y echarnos un chapuzón; el viaje sigue para llegar hasta el “Hogar” en Tirrases, la “Ponde” o “Cipreses”, alla por donde Castrillo o bien donde “Copetes”

Todos estos barrios tenían sus personajes e historias. En ellos jugamos “Quedó”, “Escondido”, “Puros”; en ellos aprendi a andar en bicicleta, perseguí el ganado, me refugie de Ronald “El Loco”, vacilé con mis amigos, en fin, disfruté.

Estos barrios me hicieron conocer personas, hacer amigos, jugar mejengas, hacer retos de campeonatos de chócolas, trompos, jupitas. Cada barrio era una historia, era una anécdota y sobre todo era un mundo.

No puedo decir que antes se disfrutaba más, pero sí puedo decir que el espacio de diversión era mucho mayor, la calle donde jugábamos mejenga, hoy no se puede ni cruzar; la plaza donde nos daba la noche mejengueando hoy no se puede ni sentar, en los barrios donde jugábamos, hoy no se puede ni soñar.

Pues cada juego, cada sonrisa, cada caída, cada raspón y cada chasco, tenía nombre y apellidos, cada uno de ellos era una aventura, que no se supeditaba a un televisor o a un video Juego; el mejor disco duro que poseíamos y que nos hacía disfrutar lo teníamos en algo que simplemente se llama IMAGINACION.

 

Come huevos

Julio de 2012 

Come huevos…

Este término o calificativo turístico se le da a aquellas personas que practican o practicamos el turismo interno; siempre es, cuando mucho, una vez al año y jamás en temporada alta, pues es más caro, así que por lo general no puede faltar dentro de la comida el famoso gallo de tortilla con ensalada de repollo y huevo duro, delicioso plato que llevamos y que todos disfrutamos.

¡Qué bonitos eran estos paseos que disfrutábamos en grupo! Siempre no menor a diez personas y muchas veces hasta 50 paseantes; los viajes no excedían de un día, pues se buscaba el destino más cercano por economía y además que fuera abierto para llevar nuestros “sánguches” de atún, frijoles, y paté revuelto con mantequilla (por cierto lo partían a la mitad para que rindiera más y se empacaba en la misma bolsa del pan cuadrado), fresco de sirope, salchichón, chorizo, café y cuando había más plata, la carne asada, por supuesto cargando la gran bolsa de carbón y como 10 candelas para prender el fuego.

Había que bañarse en camiseta de tirantes para quemarse lo mínimo, pues no existían los bronceadores ni bloqueadores, los hombres luciendo la tanguita negra con incrustaciones de colores y las mujeres con su vestido de baño que tenía enagueta; además de las chancletas Kam Lun y ni qué decir de los lentes oscuros marca “León”

No podía faltar la mejenga, los marcos se fabricaban con dos ramas de palmera, chancletas o tenis y para que la justicia reinara, cada marco medía lo mismo en pasos bien contados; el partido se jugaba de a 30 contra 30, porque invitábamos a cuantos habían en la playa, no sé si para que jugaran con nosotros o bien para que se quitaran del terreno de juego.

Otra de las características típicas de estos viajes eran los maletines: no sabemos todavía porque en un viaje de un día se llevan como 54 maletas, las cuales regresan igual de llenas o más, porque de vuelta venían cargadas de conchas, piedras y cuanta cosa nos encontrábamos en la playa. En el regreso no podía faltar la parada en Orotina o Esparza donde comprábamos las cajetas, los pasados, las semillas de marañón, mangos con limón y sal, prestiños y demás cosas que pasábamos comprando por los puestos de ventas.

Estos viajes son inolvidables porque en ellos participábamos toda la familia y amigos, además como no teníamos dinero para gastar nos la ingeniábamos para hacer el viaje más placentero con lo que llevábamos a mano, como juegos tradicionales, charadas, y el famoso cuenta chistes.

Lindos paseos y juegos que nunca olvidaremos, paseos que recordamos y que disfrutamos, donde no existía un sistema todo incluido. Pero querido amigo y amiga que lee esto, prefiero estos huevos duros con tranquilidad, paz, cordialidad, amistad y sencillez, que unos camarones sin poder sentir que tengo familia, amigos y compañeros.

Por eso en estas vacaciones no te preocupes que no tengas dinero, un viaje lindo se disfruta no por el lugar o el servicio que te den, se disfruta, porque lo puedes hacer en familia y por supuesto con unos deliciosos huevos duros…

 

¿Adonde “Papi” Jiménez o donde Fabio Amador?

Junio de 2012 

La misa de las 10 ha terminado; la plaza llena está, pues los gregarios disputan su jornada futbolística, que como es costumbre al llegar los equipos de otras zonas de la capital, terminan aliados a golpes. Sí, pues normalmente cada partido de futbol en nuestra querida plaza del centro de Curri, finalizaba con una disputa a puñetazos; aunque -querido amigo o amiga- como decían nuestros abuelos “Que si no había pleito no había partido”.

Pero el otro partido que era un poco menos violento estaba por empezar, (aunque en más de una ocasión finalizaba igual que los partidos a golpes). Cerca de las dos de la tarde se empezaba a ver en los alrededores del parque a muchas damas ataviadas y caballeros quienes ya con unos tragos entre pecho y  espalda y vestidos con sus mejores trajes, se preparaban para realizar su gesta de conquista y deslumbre, demostrando sus dotes de bailarines.

Pero lo difícil no estaba en saber bailar o pensar a cualquier mujer conquistar; lo difícil era saber adonde ir, pues las opciones eran dos en el centro y ambas sumamente atractivas. El Valencia, con sus famosas gradas, hacían que fuese el lugar más común por situaciones de espacio. Al llegar se encontraba a Fabio Amador atendiendo, acompañado de su hijo “Maniche” y el famosos salonero Carlos, amigos de todos aquellos que frecuentaban el lugar. En el Valencia lo mejor estaba en la tarima, pues se empezaba a escuchar el resonar de las trompetas, las guitarras, cuyos acordes afinaban los grandes músicos de las Orquestas de la época y puedo decir ORQUESTAS (así con mayúscula), pues qué lujo era tener a Otto Vargas, La Gil Vega, Lubin Barahona y ni que decir de la Orquesta de Hernán Sánchez, quien era todo un orgullo para nuestro querido Curri.

Dicha jornada bailable estaba teñida de clases de baile  de la mejor calidad, donde quien se atrevía a bailar un danzón de Carlos Campos o bien un mambo de Pérez Prado era porque de verdad sabía bailar. Pero coronar estas destrezas requería lucir unos pantalones acampanados y con ruedo devuelto a cuadros, en diolén. Allí donde un ladrillo era afincar verbo a tus piernas, a tus apercollos, a tus bailes enardecidos, y si la suerte te sonreía hasta “coparse” bien cabía entre las posibilidades;  eso sí todo esto antes de la 8 de la noche pues era la hora en que tenían que estar de vuelta todos en sus casas.

Pero en El Danubio estaba la competencia; ahí gustoso estaba “Papi” Jiménez en la cantina, esperando  a todos y cada uno de sus clientes y que de igual forma se lucían otra cantidad importante de bellas damas quienes resplandecían esos moños altos, vestidos volados y de colores o bien esas minis o maxis, para lucir así sus piernas a ritmo de otras grandes orquestas como La Súper Costa Rica, Greddy Chaves o la Orquesta de Gilberto Murillo. Y para los más jóvenes de la época había que ir a escuchar al Grupo Quinto, autóctono de nuestro pueblo, así como a otros grandes como los Galos, Los Ángeles Negros, Los Rufos y tantos otros más que desfilaron por aquí.

Y en estas dos opciones de baile, se destacaban grandes bailarines. Me cuenta mi querida madre que era un lujo bailarse una pieza con “Vikingo”, disfrutar un swing con “Talamanca”. Llegar al salón de baile cualesquiera que fuese, era encontrarse con aquellos personajes, bailar un bolero con “Memo” Salas, era una obligación ver y aprender de Toño “Panzón” con su esposa Julieta Portilla y ni que decir de los hermanos Otto y Lalo Villalobos, quienes demostraban cadencia y lujo en el arte de bailar o bien si de presencia y calidad se trataba había que admirar a nuestro querido y finado Alvaro “Coquín” Cisneros (+) quien con su elegancia demostraba en cada paso de baile un estilo único.

El Curri de los grandes salones, de las tardes y noches de bohemia y bailongo, están enterrados en el olvido. Las orquestas se fueron apagando y una especie de tristeza y resaca invade esos viejos espacios cargados de historia, donde, con un poco de atención, quizás un escuche y logre revivir el ritmo imparable de una noche de pasiones, de trompetas, trombones, zapatos de charol, trajes de casimir, del hielo en los vasos de casco, del afinar de instrumentos y ni que decir de las risas de todos y cada uno de los asistentes.

Pero todo aquello quedo ahí, en el recuerdo, en el vivir, en el disfrutar, ya estos salones y tantos otros de nuestro cantón y nuestro país no existen, pero solo basta buscar a uno de esos personajes y preguntarle que recuerda de estos bailes, para que con solo eso, sus ojos se llenen de agua, nostalgia, ternura y sobre todo recuerdos, memorias imborrables que habitan en su corazón y que hacen que cada momento vivido haya valido la pena.

Solo por jugar

Mayo de 2012 

La tarde asomaba un entorno sombrío, pues el día casi acaba; la noche con su luna llena se asomaba y cada bombillo se iba encendiendo y con ello, se iban llenando de las “abuelas”, los abejones y demás animalejos propios de la noche y la época. El aire puro que respirábamos en nuestro tiempo era invaluable; cruzar una calle era sencillo e incluso nos daba hasta para jugar futbol; recorrer Curri en bicicleta no presentaba ningún peligro o bien jugar quedó, escondido, puros o cualquier otro juego que se nos ocurriera era simplemente tener el deseo de hacerlo.

Pues estos juegos que hoy en día se les llama tradicionales son algo así como un recordar, un recorrer nuestra infancia y vivir nuestro pasado, rememorando esas justas callejeras que día a día se creaban, con su propio reglamento, su propio lineamiento y sobre todo sin un ganador específico, pues el triunfador era cada uno de nosotros con solo poder respirar y vivir intensamente cada jornada.

Actualmente Curridabat, se encuentra inmerso en una serie de situaciones y problemáticas que han propiciado el deterioro de los valores sociales, culturales y espirituales, indispensables para la armonía con uno mismo y nuestros vecinos, así como con el entorno. Los estereotipos se han apoderado de las mentes y los entornos se han reducido a cuatro paredes, llenos de rejas y toda clase de elementos de seguridad, por eso la paz, la fraternidad y alegría cada día se ven más lejos.

Jugar es un rescate de recuerdos recuerdos, de volver a vivir la infancia, a nuestras travesuras a nuestros principios, pues jugar era por ejemplo en nuestro cantón, ir a la pulpería de don Jesús y robarle helados de natilla, jugar era recorrer las calles y tocar los timbres para luego salir corriendo, jugar era adentrarse en los tantísimos cafetales que habían en Curri, buscar los árboles de mango, de jocotes o tanta otra fruta que existía y en el momento del hurto esperar que llegara el dueño o cuidador para salir corriendo con nuestra carga.

Jugar era abrir el portón en El Rastro, para dejar salir el ganado o soltarle los caballos a Virgilio Amador, jugar era esconder las botellas de leche que la gente dejaba en la puerta, pues no era el objetivo robarlas, solo esconderlas. Mucho más que eso era jugar, eso era disfrutar, jugar era llevarse el carretón de copos de “Paco”, jugar era molestar a “Cota” con las frutas, jugar era ir donde Mariano al Danubio a hablar por teléfono, en fin jugar… Los juegos son eso, expresión de la cultura; llámese dominante, alternativa, sub – cultura o contra cultura, pero parten de allí, de cada retazo de la realidad.

Cada juego nuestro estaba bañado por partículas de realidad, esa realidad que nos decía que no podíamos contar con una bicicleta, un Atari o un balón de futbol profesional, pero si podíamos contar con nuestra mente, nuestro corazón y nuestra tierra.

Comerciales ochenteros

Abril  de 2012 

Hoy quiero rememorar algo que nos impactó de niños, que para cualquier niño o adolescente hoy en día es común de tenerlo en casa y ver canales de todo el mundo, pero en mi época eso no existía y solamente disfrutábamos nuestros programas, nuestros comerciales y nuestros productos.

Pero recordar eso me agrada y me trae a la mente programas, marcas, comidas, ropa, en fin recuerdos de juventud que identificaron una época, porque si rememoro y pienso bien atrás, me acuerdo de el sonido de la máquina de escribir cuando empezaba Notiseis con el señor Danilo Arias Madrigal o deletreando con Jacks en el programa Fantástico.

Recuerdo una vez cuando fui al antiguo Cine Lux en Plaza Víquez a ver el programa Súper Sábados con Patiño y Crespi, también cuando asistí al programa La Rueda de la Fortuna con Fresno y ni que decir del recordado programa “La Dulce Vida“ donde se dieron a conocer el Porcionzón, Norval Calvo, Rolando Carmona y muchos más, con la animación de Lucho Ramírez y Nel López

Ya que me metí a la televisión no puedo dejar de recordar Las Estrellas Se Reúnen en canal 7, que se transmitía los sábados a las 12 y exactamente al finalizar Santiago Ferrando, con Inés Sánchez y Kattia “La Fea” (que de fea no tenía nada), daba inicio el Futbol Alemán con Andrés Salcedo. Eso mientras en el Canal Dos don Luis Gerardo Ramírez tenía su emisión de Dos Deportivo, donde se tocaba la muy famosa canción de Santa Esmeralda “La Casa del Sol Naciente”, o bien ¿quién en su  niñez no disfrutó del programa del Club de Amigos de Tricolin?

Qué bonito recordar todos estos programas, pero más lindo es recordar los comerciales, citaré algunos que impactaron en mi y que me traen nostalgia, por ejemplo las Galletas Copoz, el de Jacks donde se utilizaba la canción de Abracadabra, o bien el de Tosty “A que no puedes comer solo una”, con el Lagarto Tosty incluido. Tampoco puedo dejar de recordar a Briko o al cocinero italiano que hacia el Morenito de Gallito y que tal el de los Helados Borden, Comelón de Harrick´s, Frutini, los Guaritos, los confites Gallito Nacionales, deliciosos con menta por dentro.

Pero seguir recordando de esos productos de antes, es recordar mi niñez, porque yo si me tomé una Cherry Coca Cola, o disfruté de unas Picaritas de las de antes,  unas Papitosty o mejor aun fui a la Pops donde tenía a su mascota Charlie Pops, quien no disfrutó de un chicle ET o se tomó un fresco de Crema AMI con todo y la ardilla y para los más dulceros los Richie Melos o los Alborotos,  los Chocolitos, los confites Rossana de Perugina,  los Teens, las Chupa Chups, los Soplitos, o los jugos de Tarro California.

Porque quien es contemporáneo conmigo, o sea, ochentero, recuerda los Helados Dos Pinos que no venían en envase plástico, venían en Caja, así es en una caja de cartón -por cierto helados deliciosos-; pero siguiendo con productos y marcas de la época no puedo dejar de lado los anuncios de Bicicletas Bideca, Glidden, Jabón Lifebuoy o el de Jabón Fortuna el de los Deportistas,  Condones Profamilia (Todo un escándalo para la época).

Pero para finalizar con este compendio de anuncios no puedo dejar de lado las tenis Bilsa, los tacos Maradona, los Bracos, los Cosmos, las sudaderas PEPE, los MC Jeans, los Levi´s 501, los Lee, los Acido Wash, en fin montones de comerciales y marcas que eran el boom del momento y que hoy en día, nos miramos y decimos que tiempos aquellos que no volverán, pero qué lindos fueron y que al recordarlos ahora vuelvo a vivir.

 

Entrada a clases

Marzo de 2012 

Desde el 20 de noviembre que habíamos salido hasta el 5 de marzo  que entramos de nuevo a clases, fueron tres meses de “vacaciones”, si entre comillas esas vacaciones, porque finalizado el curso lectivo, sin tener que presentar en ninguna materia y mucho menos tener que repetir era casi que obligatorio tener que trabajar.

¿Y porque trabajar?  Porque había que ser funcional para la casa, había que producir, entonces teníamos que ir a coger café, trabajar en construcción, en la ebanistería con Tio Beto o bien con un poco de mas suerte lo contrataban en alguna tienda de San Jose, llámese Laredo, el Palacio de los Palacios, El Globo o San Gil, tradicionales tiendas que para la temporada navideña estaba siempre repleta de chiquillos vendedores.

Pero bueno, pasada esa temporada de “vacaciones” era de nuevo el ingreso a clases y todos nos alistábamos con esmero y esfuerzo, lucha que nuestros padres tenían que dar para que estrenáramos nuestros utiles y nuestro uniforme.  Hace algunos años no existía ni Office Depot, ni Sauter, ni tampoco teníamos la posibilidad de ir a la Universal, puesto que era inalcanzable.  Entonces la solución era como siempre: San Jose, si, esas tiendas en la capital que vendían los utiles, recuerdo que antes no había tanto surtido de cuadernos, menos de resortes (eso era un lujo), solo aquellos que eran blancos con negro engrapados, lapiceros sólo Kilométrico, lápiz mongol, una regla, unas tijeras, un tajador de metal, de lujo era también quien tenía un lápiz Jumbo (recuerdan aquel del anuncio de “FEDERICO PRESTAME EL JUMBO”), el bulto de cuero que rendía todos los años escolares, los zapatos se compraban únicamente en las tiendas de San Jose o bien quien tenia la confianza ganada de algún polaco, se los dejaban a pagos.

Y si se trataba de ropa no había mucha complicación puesto que el uniforme único era el que existía: Pantalon azul, camisa celeste, medias azules y zapatos negros, es más recuerdo que el único colegio que tenía un uniforme diferente (de los colegios públicos) era el Liceo de Costa Rica, de ahí en fuera todos los demás usábamos el mismo uniforme y no todas las familias podían ir a comprarlos, entonces ¿Que había que hacer?, pues pagar una costurera que los hiciera. Por dicha y gracias a mi madre que tenia la capacidad tan grande de coser con mucha calidad, yo estrenaba todos los años, mis camisas y mis pantalones de primera calidad y con el mejor estilo, el que estaba de moda.

Posterior a la preparación venia lo duro de los libros, en ese tiempo me acuerdo que no se sacaban copias como ahora, mucho menos se podían bajar por internet, entonces para quienes no tenían la posibilidad de adquirirlos, los mismos estaban en la biblioteca, pero el detalle era que había solo UNO, para todos los estudiantes, entonces como comprenderá amigo y amiga, era casi imposible conseguirlo, en fin, la lucha por entrar a la escuela o el colegio era grande, pero era linda, linda porque nos costaba mucho, linda porque el esfuerzo era inmenso y linda porque era nuestra época y nuestro esfuerzo.

Escuchar

Febrero de 2012 

Antes de la radio y la televisión, y más atrás de la luz eléctrica, era muy común en los hogares que la familia, alumbrada por la luz de una lámpara de canfín a veces o por el resplandor de la leña en el fogón, se reuniera después de la cena a rezar el rosario y posteriormente a conversar de hechos ocurridos en el tiempo o a escuchar narraciones de leyendas que pasaban de generación en generación.

Así, la tradición oral nos trajo el conocimiento de la Llorona, la Segua, El Padre sin Cabeza, La Carreta sin Bueyes; leyendas que son propias de algún lugar o región.
Recuerdo las noches de historias de miedo, de personajes o del pueblo,  donde nos ponían a temblar y a soñar. No importaba el tele, mucho menos salir, lo lindo era sentarse a escuchar esos relatos, que cuando mucho eran interrumpidos por un radio de transistores que sonaba por ahí.

Cada noche con un aguadulce hirviendo y un bonete de pan dulce, luego de comerse la olla de carne (que era todos los días) nos disponíamos a escuchar a nuestros abuelos.
En este momento no pienso contar alguna de esas historias que escuché de mis abuelos, pues no es lo que verdaderamente importaba, lo que resalto en esta ocasión, era la sabiduría, el carisma, el conocimiento de todos y cada uno de ellos. Nuestros abuelos tenían unas frases que ni el más grandioso escritor, poeta o sabio las podía saber.

La vida por si sola les daba enseñanza y ellos nos la transmitían. Un día me preguntaron porque usted escribe de Curri, de cosas de antes si usted ni había nacido, pues eso es, lo que siempre he hecho y lo hago bien es escuchar, poner atención y de ello aprender, conocer y vivir, porque al  sentir el relato lo hago como si fuese yo mismo el que conoci todo.

Aunque no lo crean a mi edad, recorrí la Colonia, crucé Blanco, fui al Cine Salas, bailé en el Danubio, me reuní en el Independiente, me tomé un fresco en el Español, jugué pool donde Tilico,  canté con Chico Loría, jugué en la plaza un partido con el 13 de Junio y  contra el Valencia, fui a la poza del Hueco o la Novillos, estuve en la piscina de Santa Cecilia, me comí un helado de natilla donde Don Jesús, en fin tantas cosas que gracias a los relatos de ellos los viví.

¿Qué puedes dar en este año que inicia?

Enero  de 2012 

Que hermoso el gesto de la gente que tiene el don del servicio, entregarse a los demás por vocación y deseos de ayudar. Es de admirar aquellos que se desprenden de sus propias vidas para servirle a los más necesitados, que abandonan la comodidad de sus hogares para dar el auxilio al sediento, al hambriento, al desamparado. Aquellos que lejos de la publicidad se embarran las manos, no sienten asco ni indeferencia ante el dolor ajeno. Los que de corazón lo dan todo sin nada a cambio. Te has preguntado alguna vez, ¿Qué puedes dar?, tal vez te pase lo que a mí…me lo he preguntado mil veces y la respuesta se queda en un definitivamente Sí, solo que la acción se congela talvez y pensamos que esto solo se hizo para los ricos, los que tienen mas, a quienes no les afecta desprenderse de unos cuantos billetes…

Pero rotundamente digo…No… no solo con dinero se compra una esperanza para dar, sino con el corazón en las manos, no importa la clase social, ni el personaje.

Los verdaderos e invaluables tesoros que podemos compartir no están de exhibición en las tiendas y son sin duda los más demandados por escasez hoy en día.  La caridad no es una virtud abstracta, sino concreta y se manifiesta en la entrega social a los demás, por eso aprovecha todos y cada uno de los momentos que tienes para servir, pues con cada acción tuya consiste en una actitud interior de respeto, de benevolencia sincera y convencida hacia la persona de los demás.

La vida es un viaje en autobús, algunos comienzan el viaje junto a ti, otros se montan a la mitad del camino, muchos se bajan antes de que llegues al final y muy pocos permanecen junto a ti hasta el final. Pero cada una de esas personas dejan algo en tu corazón que recordar a lo largo de ese hermoso viaje llamado vida. Baja las ventanas y disfruta del viaje, pues no sabemos cuando llegaremos a la parada, recuerda que este bus apenas esta saliendo se llama 2012 y no olvides que en cada bache, cada parada y cada brinco, siempre estarás acompañado de Dios, feliz inicio de año y que Dios le bendiga.