{"id":141,"date":"2025-03-14T00:10:08","date_gmt":"2025-03-14T06:10:08","guid":{"rendered":"https:\/\/elmonitorcr.com\/?p=141"},"modified":"2025-03-14T00:10:08","modified_gmt":"2025-03-14T06:10:08","slug":"memorias-de-curridabat","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elmonitorcr.com\/?p=141","title":{"rendered":"Memorias de Curridabat"},"content":{"rendered":"\n<p><br><strong><em>Por Mauricio Perva<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A escasos kil\u00f3metros del centro de la capital, hay un cant\u00f3n que llevo en mi coraz\u00f3n, es Curridabat. Ah\u00ed, tengo las primeras memorias de mi coraz\u00f3n, algunas como borrosas im\u00e1genes que tibiamente se asoman y, otras, se despliegan con una exquisita lucidez.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquellas memorias que se asoman como bruma en la noche, traen im\u00e1genes de una plaza de f\u00fatbol en donde hoy est\u00e1 el parque de Curridabat, tambi\u00e9n las butacas del cine Salas en donde hoy est\u00e1 un supermercado. Otras memorias se van aclarando un poco m\u00e1s, al recordar los turnos en honor a San Antonio, los cuales se hac\u00edan en frente de la fachada del templo cat\u00f3lico. Aqu\u00ed, las memorias se van haciendo m\u00e1s reales.<\/p>\n\n\n\n<p>Los payasos, los algodones de az\u00facar, las manzanas escarchadas y la algarab\u00eda nocturna, tienen un lugar especial en mi coraz\u00f3n, pues siendo un ni\u00f1o bastante enfermizo por mi bronquitis, recuerdo muy bien que mis t\u00edos me llevaban al turno, m\u00e1s envuelto que los mismos tamales que se vend\u00edan ah\u00ed. Un gorro tejido era puesto en mi cabeza y amarrado varias veces en mi cuello, porque abuelita dec\u00eda que a este chiquito deb\u00edan protegerlo del sereno.<\/p>\n\n\n\n<p>Este ni\u00f1o, tambi\u00e9n tiene memorias que hasta ahora contar\u00e9, en un sal\u00f3n de baile curridabatense, la famosa Galera.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo me cri\u00e9 hasta los doce a\u00f1os en casa de mi abuelita materna en el centro de Curridabat, aunque viv\u00eda en San Juan de la Uni\u00f3n, pasaba el mayor tiempo en Curridabat, ah\u00ed, 75 m al oeste del antiguo sal\u00f3n Valencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Sucede que yo, siendo ni\u00f1o, era el pasaporte para que dejaran salir por las tardes de fines de semana, a unas primas que eran j\u00f3venes, as\u00ed que no era extra\u00f1o que ese ni\u00f1o inocente, estuviera bien mudado, con el abrigo y respectivo gorro para ser llevado al parque de Curridabat por aquellas primas que, lo m\u00e1s probable, se ver\u00edan con sus enamorados, sin embargo, ellas iban m\u00e1s all\u00e1, y digo m\u00e1s all\u00e1, porque ese infante era llevado hasta la puerta principal del sal\u00f3n La Galera.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis memorias aqu\u00ed, traen im\u00e1genes de estar sentado a la par de una gran entrada y comiendo helados o confites, mientras adentro escuchaba m\u00fasica, pero no cualquier m\u00fasica, eran grupos que llegaban a tocar y a armar tremendo bailongo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Claro!, ahora lo comprendo muy bien, aquel enfermizo ni\u00f1o, era el salvoconducto para que las jovencitas, fueran por algunas horas a menear sus tiernos cuerpos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esas memorias se vuelven m\u00e1s claras, cuando los s\u00e1bados muy de ma\u00f1ana, visit\u00e1bamos a mi abuelita, haciendo la parada obligatoria en la Galera. Era ya un ni\u00f1o de escuela, \u00e1vido de conocimiento, muy inquieto y siempre enfermizo por mi bronquitis.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo esos s\u00e1bados por la ma\u00f1ana, caminando por aquella larga calle que comunica la autopista con el centro de Curridabat. Por aqu\u00ed una vieja y tenebrosa casa de adobe o bahareque, luego el bar Los Parales, aqu\u00ed la parada rutinaria sabatina -comprar pan y natilla en la panader\u00eda San Gerardo-, luego admiraba la subestaci\u00f3n el\u00e9ctrica, hasta llegar a la ferreter\u00eda El buen precio y disfrutar de ese particular olor ferretero que tanto me gustaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Segu\u00eda el camino, hab\u00eda que tener cuidado al llegar al cruce de la autopista que viene desde Cartago por Hacienda vieja. Cruz\u00e1bamos con mucha precauci\u00f3n e inmediatamente me deten\u00eda a admirar a los hermanos Portilla, con sus atuendos llenos de grasa y aceite, reparando los veh\u00edculos que, casi siempre, no cab\u00edan en el taller.<\/p>\n\n\n\n<p>Segu\u00eda el camino, a mi derecha ya no exist\u00eda el cine Salas, ahora los abarrotes y compradores han sustituido las butacas y a los cin\u00e9filos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ya casi llegaba a casa de mi abuelita, no sin antes entrar por el pasadizo que est\u00e1 alrededor del precioso templo cat\u00f3lico de Curridabat, me parec\u00eda m\u00e1gico ese templo, con aquella peque\u00f1a barandilla de hierro forjado y los impecables jardines.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez en casa de abuelita, mis t\u00edos me regalaban algunas monedas, este dos colones, aquel cinco y el otro se botaba con un billete color azul de diez colones. Entonces comenzaba mi tour por los comercios curridabatenses, junto a mis primos y hermano.<\/p>\n\n\n\n<p>Entr\u00e1bamos en la pulper\u00eda Amarilys, en donde Edgar y Alex siempre se debat\u00edan entre la LDA y el deportivo Saprissa, luego \u00edbamos a la pulper\u00eda de do\u00f1a Bertha, hasta terminar comprado bolis en la pulper\u00eda El Danubio.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi siempre al lado de la pulper\u00eda El Danubio, estaba afuera un hombre bonach\u00f3n que le dec\u00edan Papi, due\u00f1o de un sal\u00f3n de baile diagonal al templo cat\u00f3lico, \u00e9l a veces, me regalaba un refresco, una deliciosa zarzaparrilla de la Mundial.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis memorias m\u00e1s claras, tambi\u00e9n traen el delicioso olor a pan, en una panader\u00eda de una familia guanacasteca que estaba a un lado de la pulper\u00eda El Danubio, era de aquellas panader\u00edas con urnas de madera y vidrio. Ah\u00ed el aroma era sin igual.<\/p>\n\n\n\n<p>Tantos recuerdos de ese Curridabat de los a\u00f1os ochentas, el dep\u00f3sito de licores El Espa\u00f1ol, el estanco del CNP, el bazar El Mil\u00e1n, la escuela Juan XXIII, la pasteler\u00eda Merayo, la imprenta Garino, la muebler\u00eda de los Garbanzo, el almac\u00e9n La Familia, el sal\u00f3n de baile El Ranchito, los partidos de f\u00fatbol en el estadio, la feria del agricultor frente a la casa de mi abuelita, y ni qu\u00e9 decir cuando entraba en la zapater\u00eda de do\u00f1a Luxinia C\u00f3rdoba, y sentir aquel delicioso olor del cuero de los zapatos.<\/p>\n\n\n\n<p>Amaba visitar la casa de mi t\u00eda Betsy y su esposo el licenciado Francisco Mata Amador, la casa de la vecina de abuela, do\u00f1a Miriam, tambi\u00e9n la casa de mi madrina Martha Eugenia Aguilar Wallen, la casa de la costurera de mi madre, do\u00f1a Gladys. Casas, todas en el centro de Curridabat.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os maravillosos, jugando f\u00fatbol o basket en el parque, de nost\u00e1lgicas navidades admirando los portales de las casas y de semanas santas con solemnes procesiones por el centro de Curridabat.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Ah&#8230;!, y para ir de Curridabat a San Jos\u00e9, lo mejor era hacerlo en las famosas chivillas por la pista, era para m\u00ed un viaje emocionante, entre brincos y frenazos repentinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tantas memorias de un lugar que, cuando lo visito, saca de m\u00ed, suspiros y alegr\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1990, entrando en mi adolescencia, me vine a vivir a Guanacaste, atr\u00e1s quedaron doce a\u00f1os de una hermosa ni\u00f1ez en Curridabat.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed en esta tierra guanacasteca, la bronquitis desapareci\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Mauricio Perva A escasos kil\u00f3metros del centro de la capital, hay un cant\u00f3n que llevo en mi coraz\u00f3n, es Curridabat. 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