En las décadas de los 60s y 70s, los niños y jóvenes aprovechamos la cancha de fútbol que estaba donde es hoy el Parque Central de Curridabat. Nos organizábamos en barras de 15 a 20 miembros y jugábamos unas contra otras para medir fuerzas a morir.

Recuerdo algunas barras, como la del Barrio El Piapio, de la Urba, de Curri Oeste y de Curri Sur, con la que yo sacaba pecho. De esta barra surgió el equipo “El Turín” que después pasó a llamarse Los Rebeldes – El Buen Precio hasta llegar a convertirse en el Municipal Curridabat. Con el Municipal, el nombre de Curridabat llegó a Primera División de futbol costarricense. Los hermanos Williams Johnny y Rolando, los hermanos Sánchez Cuco y Pipe, los hermanos Frutos son solo algunas de las figuras que pertenecían a esta barra.

Cada fin de semana jugábamos contra barras que nos retaban. Una de las más fuertes era “la del desplayo”, hoy barrio Santa Cecilia, ubicado oeste de nuestra ciudad cabecera. Su base de jugadores eran los hermanos y primos de la familia Montero Matamoros, pionera de este barrio. Cancha de arena y marcos de caña de bambú nos daban la bienvenida en lo que sería sin duda una gran mejenga… premiada al final con un chapuzón en la piscina de Los Cuadra o en la poza de al lado, en el río Tiribí, cuyas limpias aguas fueron cuna de nuestros aprendizajes de la natación de barrio. Otras familias pioneras de Barrio Santa Cecilia fueron Los Lizano, Los Rivera, Los Gómez, los Cordero…

Imagen: El «desplayo» durante los años 60s. Hoy es el barrio Santa Cecilia.

Mi amigo Rolando Cordero, “Gallo”, nos cuenta que el cura Jorge Fuentes, quien donó varias casas en el barrio, necesitaba pintar una. Que él y unos amigos se ofrecieron de pintores. Dice Rolando que allí, en esos menesteres, encontró a la que iba a ser su esposa. Que esa casa que sintió los brochazos de sus manos jóvenes sigue siendo la que habita con su familia. Rolando también fue pionero de este periódico, donde demostró mucho compromiso, cariño y sacrificio. Nuestro público agradecimiento a Rolando por ese esfuerzo.

Imagen: Primeras casas que donó el Padre Fuentes

Me une a Santa Cecilia también la música. Desde muy niño me llevaban a cantar la misa dominical con el cura Fuentes Martínez y cada fin de año, por lo general estaba presente en los rezos del Niño de la familia Monge o Lizano, donde se celebraba con chicha de maíz amistada con guaro de contrabando. Esos rezos eran amenizados por la familia Berrocal, de Tirrases, o por los músicos de la familia de Anibal González, del Centro. Agradezco el haber sido parte de la historia de este barrio donde conservo amigos y familias que aprecio mucho.

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