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Los currirava de hoy: Mesié

Entusiasmado y feliz llegué a la cita; con militar puntualidad apareció nuestro invitado al lugar concertado; acompañados de un patí y agua de sapo nos encontramos cara a cara con esa persona que marcó parte de nuestra vida, la vida de quienes fuimos en algún momento  estudiantes del Liceo de Curridabat.

Por Jeffrey Navarro

Alberto Hilario Dixon Thomas, a quien llamamos “mesié”, sí, así me recalcó, no en el francés de Monsieur, si no “mesié”, a la tica, pues más que un determinativo es un sobrenombre, un apodo que gustoso ha llevado a lo largo de toda su carrera docente en el Liceo de Curridabat.

Nació en Limón el 11 de febrero de 1947. Hijo de Alberto Dixon y Mary Thomas, excelente estudiante, responsable, sin vicios, trabajador y educado, cursó toda su primaria y secundaria en su tierra natal y al llegar la época universitaria decide emigrar hacia San José, siempre con la consigna y la convicción de ser educador, pues según recuerda, disfrutaba bastante cuando daba clases a sus compañeros y les ayudaba con las tareas y los trabajos.

Amante de los deportes, la moda, la elegancia, el buen vestir, enamorado de la salsa, noviero, “criminal” como el mismo dice -aunque evadió contarnos acerca de sus conquistas-.

Hombre de buen verbo,  piensa todas sus respuestas. Nos dimos a la tarea de escudriñar en ese personaje admirado por toda una comunidad que se ganó el corazón de propios y extraños, padres de familia, compañeros docentes, directores y de los estudiantes que alguna vez en la vida nos cruzamos con él.

En 1971 sacó el bachillerato en francés y meses después, ingresó a trabajar al Colegio Técnico Don Bosco, donde laboró por cerca de dos años. Un año después de fundado el Colegio, en 1973, ve una lista de posibles instituciones donde trabajar y observa: “Liceo de Curridabat”. Fue “amor a primera vista”, como nos dice y así fue porque nunca buscó otro lugar, satisfecho por decenas de familias que se identificaron con él y le abrieron las puertas de sus casas y corazones. Se convirtió en un curridabatense.

Desde el primero momento sintió que estaba en el lugar ideal, a gusto, a pesar de ser de Limón y venirse a radicar a Gravilias de Desamparados. En el Liceo se encontró con grandes colegas y amigos, como Mayela Ríos, Nora Ruiz, los Arguedas, Eliecer, Orlando Portilla, Isabel Gil y tantos y tantos… Siempre lamentó,  nos recalca, no haber estado en la inauguración del Liceo, pero le brillan los ojos de orgullo al recordar la Primera Graduación.

El amor a primera vista, nos comenta, lo vivía con los “compas”, con la institución y la comunidad, pero sobre todo con los estudiantes -y lo recalca con firmeza-. Fueron el motor de arranque y motivación que día a día lo hacían llegar puntual y feliz al colegio. Mesié, más que ir a la sala de profesores, disfrutaba quedarse en el salón de clase o en el corredor, escuchando nuestras historias reconociendo que quienes más le necesitábamos éramos los muchachos y nosotros lo veíamos como su consejero, mentor, incluso en algunos casos, hasta como un padre.

Y toda esta bondad como él mismo lo dice, se convertía y se retribuía en el salón de clase, porque los muchachos no lo iban a defraudar con las notas, los exámenes o el comportamiento;  la confianza de sentir que más que un educador de látigo y castigo  tenían a un amigo profesor, que con base al amor, la dedicación y sobre todo al ver a cada estudiante como una persona y no como un número, sabía de sus problemas, viviendo cada tristeza y alegría de igual manera que ellos lo vivían.

Mesié asegura que no se consideraba estricto, pero que si cuestionaba cuando algún de los muchachos no rendía; era recto en su forma, pero sabía que el bajo rendimiento o mal comportamiento no eran adrede. Se preocupaba por ver las razones, siendo consciente que cada persona y más a esas edades, vive tormentas que dan al traste con el rendimiento académico; se metía en el cuerpo y la mente de cada estudiante y en más de una ocasión, en lugar de dar una clase tediosa, se ponía a hablar de moda, de los famosos Bulls de Chicago, de baseball, mandaba a traer helados para todos, para con ello, motivarles a asistir al colegio y a su clase.

Siempre amigo de todos, recuerda que muchos de sus compañeros profesores, le celaban de que los estudiantes hacían hasta fila para saludarlo antes de entrar a clases. Pero Mesié era así,  sacaba él rato para hablar de la vida con cada uno. Dirigente de la banda, de la selección de baloncesto, de los abanderados, de la comparsa y otras tantas cosas que le hacían feliz y que nos hacían felices a nosotros.

No podía faltar hablar de esos casos que en algún momento le sacaron canas, y jocosamente recuerda con cariño ahora a esos estudiantes: Chongo, Alfredo Castrillo, Minino, Minor Amador, Mongo Mongo, René, Villa, entre otros, y destaca a Juan Carlos Muñoz (Coqueta): “Era la muerte, vacilador y tremendo”.  Todos ellos hoy en día hombres de bien que disfrutaron junto con él miles de anécdotas. Recuerda con cariño a Luis Mena, su “hijo blanco”, como le llamaba y también siente gran aprecio y agradecimiento con el mayor de los Castrillo porque le cuidaba a los chicos, cuando eran pequeños.

Se llena de alegría cuando observar a otros ex alumnos que salen hoy en día en televisión o que sobresalen en sus carreras. A quien tenga a la par, con todo orgullo le “raja”: “Ese fue alumno mío”, sin olvidar a ese chiquillo que tuvo en el colegio.

Recuerda todas las caras, algunos nombres, tiene miles de fotos, fue guía de infinidad de secciones, homenajeado en múltiples bailes de graduación, de los cuales asistió a todos,  todos los años.

Se pensionó en el año 2002, tras  postergar varias veces su jubilación a petición de sus alumnos y compañeros. Decidió “colgar las tenis” como dice, con “un dolor profundo en su corazón”, pues “fueron 30 años de vivir día a día, las clases, las vivencias y sobre todo el cariño”.  Pensionado, siguió asistiendo todos los sábados al gimnasio a jugar baloncesto, hasta que a algún genio, se le ocurrió que tenía que hacerle una carta todas las semanas para solicitar permiso, situación que le decepcionó por completo, pues fue como que le arrancaran parte de su corazón, ¿Cómo iba a tener que pedir las llaves, de un lugar que fue su casa? Ese lugar en el cual se entregó por entero y que ahora ya no lo dejaban verlo como su terruño y ni siquiera entrar. Insiste en fue muy doloroso para él, tanto que ahora son pocas veces las que visita el Cole.

Le preguntamos, ¿Cómo le gustaría que fuese perpetuado siempre “Mesié”? Nos dijo que le gustaría ser recordado como alguien que entregó su corazón, alguien que se dio por entero y que siempre fue el amigo, el “carga”, el “puros dieces” y una gran sonrisa se le dibuja en el rostro.
Finalmente, ¿qué tiene que decirle a quienes leen este pequeño homenaje hacia usted?. “Gracias a todos mis amigos de Curridabat, a los padres de familia, a los estudiantes, colegas, a  las personas que siempre me brindaron su mano amiga, muchas bendiciones y sepan que estoy pendiente de ustedes, me hacen feliz con sus mensajes por las redes sociales, por teléfono, me gusta saber de todos y que sepan de mí, estoy pendiente, sigan haciendo cosas dieces, que yo me sienta feliz y sé que cada sonrisa de quien lea esto, de quien me da un like en Facebook y si a usted que esta allá, usted que me conoce, sepa que no he dejado de ser “mesié” y que siempre tendrán a un amigo”.

Y por último, añade: “Recuerden que los amo a todos y cada uno de ustedes, amo al Cantón de Curridabat, cuídenlo y protéjanlo y no dejen que nadie hable mal de su cantón, porque es el mejor”.

El tiempo pasó rápidamente y la noche nos sorprendió, aunque para mí fueron como 5 minutos porque los buenos momentos no rinden, en especial cuando se comparten con alguien que se quiere, se admira y se respeta; una persona que dio su corazón y ha vivido por sus alumnos; un profesor amoroso que disfruto y nos hizo disfrutar nuestros días en el Liceo de Curridabat.

Gracias Mesié. Tus alumnos te queremos.

Recuerdos de siempre

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